Ya han transcurrido seis años desde que se empezó a introducir la coordinación de parentalidad en casos de alta conflictividad por los juzgados españoles. Fue impulsada por el magistrado Pascual Ortuño y otros jueces de familia involucrados en la implantación de la mediación.

Pocas iniciativas de esta índole han tenido una expansión tan rápida, tan aceptada y tan llena de expectativas.

Han pasado tantas cosas en tan poco tiempo que queremos ordenarlas y celebrarlas compartiendo el camino recorrido en un congreso nacional-internacional. Pretendemos recoger todas las aportaciones acumuladas, consensuar los métodos, los indicadores, la proyección en la práctica de las diversas profesiones que estamos involucradas y, especialmente, definir el marco de respeto y rigor que merece su práctica. El punto de partida será el análisis de los mecanismos de colaboración con los jueces, fiscales, secretarios judiciales y abogados.

Estamos todavía en una fase inicial. Mas los que tenemos larga experiencia en mediación sabemos de qué hablamos cuando expresamos la preocupación por el futuro de la coordinación de parentalidad, que pueda desprestigiarse antes de haber comenzado a caminar por el afán de pretender monopolizar esta especialidad de intervención forense. Sabemos qué hechos no quisiéramos ver repetidos ahora. Podemos aprender del recorrido trazado y de la experiencia de otros países.

Cuando iniciábamos el primer proyecto piloto en España desde el juzgado de familia de Sabadell, gracias al entusiasmo de la querida magistrada, Carla Arias, el colegio de psicología de Catalunya contribuyó a difundir este método con artículos en revistas y prensa sobre la coordinación de parentalidad. Guillermo Mattioli escribía en su blog, Connie Capdevila firmaba publicaciones y Carles Rodríguez-Domínguez y Xavier Carbonell redactaron un artículo científico sobre la coordinación de parentalidad que formaba parte de la tesis doctoral.

Poco antes, en el año 2011, ya había impartido formación la estadounidense Susan Boyan en Madrid para universitarios de la complutense. Ella nos ha formado a través de la compañera Marian desde Atlanta. Paralelamente Dominic d’Abate y Aldo Morrone fueron los primeros que nos impartieron sus enseñanzas con la experiencia de Canadá, y con Liliana Zanuso y el juez Lucas Aon de Buenos Aires, hemos profundizado activa y constantemente en el aprendizaje dirigido a la atención de las familias que se mantienen en la conflictividad. Así lo hicimos constatar en el primer libro que publicamos en el 2015.

Mientras tanto, en los dos últimos años se han iniciado otros programas piloto en los juzgados de Valencia, Barcelona, Mallorca y Pontevedra. En Madrid se está iniciando la primera experiencia desde la asociación APROME en el marco de los Puntos de Encuentro Familiar. Se han publicado trabajos científicos como los impulsados por Francisca Fariña y se han atravesado fronteras con experiencias admirables: los PEF y COPA en Mar de Plata (Argentina. Ballarín y Minnicelli). En España las experiencias se están multiplicando de la mano de magistrados excepcionales como Angel Dolado, de Zaragoza, Rosa Mª Mas de Mallorca, José Luís Utrera de Málaga, o Mercé Miñana de Valencia, por no citar a otros comprometidos con la mejora del derecho de familia como el ex magistrado Jorge Maza de Barcelona. Los Tribunales Superiores de Justicia de Baleares y Barcelona ya se han pronunciado sobre la idoneidad y necesidad de estas intervenciones en la fase de ejecución de las sentencias.

Todo esto ha contribuido enormemente a la expansión de la figura. Quizá por ello muchos profesionales procedentes de distintas disciplinas han mostrado interés pidiéndonos información y formación.

Recogemos las iniciativas del Colegio de Trabajo Social de Aragón, ATSEL, y de personas tan entusiastas como Flor, Esther, Núria… a las que queremos hacer una mención especial de agradecimiento por el interés y honestidad que han mostrado por la práctica de la profesión.

Desde el proyecto -ya realidad incipiente- de ANCOPA (Asociación Nacional Profesional de Coordinación de Parentalidad), pretendemos agrupar profesionales que cuenten con una sólida especialización, y con experiencia en mediación familiar judicializada. Deseamos impulsar un proceso unitario y colaborativo que acoja a las distintas disciplinas y diferentes colegios profesionales, respetando y creando modelos de intervención.

Creemos firmemente que una asociación estatal única, bien prestigiada ante los tribunales de justicia y la abogacía de familia, que sepa y desee aglutinar las experiencias realizadas, puede ser la mejor garantía para que la coordinación de parentalidad se implante definitivamente en nuestro país.

Para concluir, concebimos este congreso desde una doble perspectiva: como la culminación de seis años de práctica, de estudio y de formación, para propiciar un espacio donde podamos encontrarnos y profundizar en nuestros objetivos y, al mismo tiempo, como el inicio de un proyecto de futuro ambicioso, basado en la vocación de servir a la sociedad, de mejorar la calidad del futuro de nuestros niños, niñas y adolescentes, y de dar soporte a las familias que lo necesiten para preservarlos del conflicto, para que se sientan bien tratados por los/as profesionales y por las instituciones.

Deseamos seguir avanzando contigo. Empezamos.